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La restauración más importante de la Estatua de la Libertad

La restauración más importante de la Estatua de la Libertad

29th abril, 2016

Con el paso del tiempo es normal restaurar alguna que otra obra arquitectónica. Así le ha ocurrido a la Estatua de la Libertad, que desde que fue inaugurada en Nueva York en 1886 se ha visto envuelta en numerosas restauraciones.

Quizás la restauración más importante se llevó a cabo en 1979, cuando el Servicio Nacional de Parques Nacionales de Estados Unidos observó el grave problema que sufría la dama de la libertad: la corrosión galvánica.

La corrosión galvánica es un fenómeno que ocurre, simplemente, cuando dos metales entran en contacto. Los metales se caracterizan por contener electrones libres, peculiaridad que los convierte en buenos conductores del calor y la electricidad.

Cuando un metal entra en contacto con otro, el menos noble -esto es, el más susceptible de corroerse u oxidarse- transmite sus electrones libres al segundo, quedando este último con carga negativa y el primero con carga positiva. Aunque para que se dé dicho traspaso, ambos metales deben estar en contacto además con un electrolito – un líquido lleno de iones-.

En el caso del monumento, la parte externa de la estatua -es decir, lo que se ve-, es de cobre, mientras que su interior fue fabricado con hierro. Su diseñador, el francés Frédéric Auguste Bartholdi, colocó un aislamiento de amianto y brea entre ambos materiales, pero las sucesivas capas de pintura que se le dió a la dama de la libertad durante la primera mitad del siglo XX crearon el electrolito que ponían en riesgo a la estatua.

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